17/07/09

La llevo siempre en la cabeza

Uno de los consejos que me dieron para escribir mi novela es que leyera o revisara diferentes novelas ya escritas, pues debía de tener en cuenta que “nada se escribe a partir de la nada”. Obediente yo, es lo que he estado haciendo y realmente he obtenido un resultado; he llegado al conocimiento de que me debe faltar mucha técnica y oficio. Soy incapaz de analizar novelas y verles las estrategias. Esto me ha conducido a la lectura de libros de “narratología”. Qué bonita palabra narratología, la ciencia de la narración y lo primero que te dices es que la narración no es ninguna ciencia. Pero por mi mente científica y mi método científico, será la palabra que use, me encanta. Claro que si quiero construir un best-seller, no voy a tener problema, pues existen libros en los que te dan la fórmula mágica para lograrlo. Pero mi idea no es de best-seller, claro que afirmar que quiero hacer una “obra literario” es pedante por mi parte. Pero para qué mentir, sí, quiero que la tendencia de mi novela esté más cerca de la literatura que del best-seller.

Tampoco quiero entrar en temas de novela corta, relato, novela larga, cuento; ¡yo qué sé dónde va a acabar mi escritura! Y me importa bien poco, creo que este tipo de clasificación es más académico que otra cosa. De todas formas, los recursos del relato son diferentes a los de la novela, por lo que se supone que se debe tener claro qué se quiere hacer antes de empezar a hacerlo. Pero como me falta toda la técnica del mundo, creo que primero haré y luego, si a alguien le apetece, que lo clasifique, le doy mi permiso.

Hoy voy a dedicarme a dibujar la casa donde vive mi protagonista, así, como la Rue 13 del Percebe. También a ubicarla en alguna calle de Barcelona, y a estudiar un poco el barrio. Los pisos ya los llenaré con los personajes que necesite para poner en juego a mi protagonista. Y sí, contestando a una pregunta de un comentario, me podéis ayudar a elegir el nombre. Pensad una cosa, ahora, en la actualidad tendría 79 años, lo digo porque no me sirve el nombre de Jéniffer. Por cierto, también necesitaré un nombre para su difunto esposo.

16/07/09

Como anhelo al dedo

Hubo un tiempo en que creí que todo tenía solución, que entre dos personas todo podía mediarse, aunque no se supiera cómo, con la buena fe de buscarla, bastaba.

Hubo un tiempo en que pensaba que podía más el calor de la mirada, el cariño que albergaba el sentimiento profundo de los días felices, esos días sin lágrimas donde el corazón aún no estaba al revés.

Hubo un tiempo en que aún esperaba el consuelo en tus palabras, volver a tener el infinito delante de nosotras y para empaquetar este trago para olvidarlo en la bodega de nuestro ayer.

Hubo un tiempo en que pensaba que nuestro amor no se podía medir, ni etiquetar, ni detener. Hubo un tiempo en que creí en ti y, sobre todo, en mí.

15/07/09

Meme

Marga, del blog Hay Mujeres, me ha pasado este meme. Consiste en coger el libro que se tiene más a mano, buscar la página 161 y copiar la quinta frase completa que encuentres ahí.

Primera intentona, el libro que tengo más a mano es una gramática española, y en dicha página no hay más que una lista de verbos irregulares empezados por la C. Voy a alejarme un poco más de la mesa del despacho a ver qué libro tengo más cercano:

"O si no es el camino más corto a un chiste, sí lo es a un chistoide."

Esta frase pertenece a un libro titulado "Cómo orquestar una comedia" (Los recursos más serios para crear gags, monólogos y narraciones cómicas más desternillantes), de John Vorhaus.

Paso el testigo a:

Lucía
Blau
Irreverens
Raquel
Helen

14/07/09

La tengo enfadada

La tengo enfadada. No os podéis imaginar qué cabreo monumental ha pillado. Ha sido de aquellos que empiezan como una pequeña brisa y acaban como un huracán.

Esta madrugada, después de despertarme y dormirme durante toda la noche, me he levantado a escribir un rato y me la he encontrando estirada en el sofá hexaespatarrada y con los ocelos fijos en el techo.

−¿Tampoco puedes dormir? −le he preguntado sumergiendo la pregunta en un largo bostezo.

−No. Hace calor y por otro lado estoy pensando en este fin de semana.

−¿Te lo has pasado bien?

−Sí, me lo he pasado muy bien, pero me lo hubiera pasado mejor si hubiera podido participar de la fiesta −dice retintineando las cuatro últimas palabras.

Ya me lo estaba esperando. Sabía que eso me lo iba a oír. Este fin de semana me habían invitado a una fiesta y el viernes, mientras estaba preparando la mochila, la Mosca Estremecida se me acercó con las antenas bajas y una voz compungida a suplicarme que la llevara conmigo. Como podéis imaginar, mi no fue rotundo. Se sentó sin rechistar en el sofá y encendió la televisión para ver el Canal Cocina. A los dos minutos se fue a por un poco de zumo de tomate y volvió. Sorbió por la cañita con más fuerza de lo normal y dejando pasar aire, para hacer mucho ruido. La iba mirando de reojo, ya me conozco sus artimañas: quería llamar mi atención. Haciendo caso omiso, continué con mi mochila. Apagó la tele al ver que el recurso no había servido de nada. Entonces se le ocurrió la idea de hojear los libros de mi biblioteca; los sacaba de uno en uno, los abría aleatoriamente por una página, hacía ver que leía un par de líneas y los depositaba en la mesa del comedor. Uno tras otro, sabiendo de antemano que el desorden me molesta. No le dije nada y transporté la mochila a mi habitación para acabar de hacerla.

Cuando salí, ya preparada para irme estaba sentada al borde de la mesa, enfrente de la puerta de mi habitación, jugando con una de sus patas, mientras que con las otras se aguantaba para no perder el equilibrio.

−¿Ya te vas? −me dijo mientras pensaba qué estrategia sería la que me hiciera cambiar de opinión.

−Sí. Tienes comida que te he dejado en la nevera y he dejado una de las ventanas entornada por si quieres salir a dar una vuelta. Las puertas de las habitaciones las dejo abiertas para que puedas entrar en todas. No desordenes mucho y limpia lo que utilices.

−Vale. Qué te lo pases bien −me dijo con cierta resignación intentando parecer alegre.

−Vuelvo el domingo, ya te contaré.

Nada más subir al autocar y empezar a leer la revista que me había comprado para el viaje, noté un zumbido debajo del cuello de mi camisa.

−¡Mosca! −grité. Y la señora mayor que viajaba en el asiento del otro lado del pasillo me miró complacida, se debió pensar que utilizaba la expresión para no soltar un taco.

Poco a poco, la Mosca salió de debajo de mi cuello de la camisa y se posó sobre el borde la revista.

−Lo siento, no podía desaprovechar una ocasión como esta −me dijo a modo de disculpa.

−Muy bien, te dejo venir con una condición −y me interrumpí esperando ver su cara de aprobación −. Si vienes, vas a estar escondida todo el rato debajo del cuello de mi camisa, sin decir nada a nadie y sin hacerte notar.

−Vale, de acuerdo −aceptó, pero al ver mi cara de pocos amigos y totalmente exenta de confianza, añadió−, te lo prometo.

Y la verdad es que se portó muy bien, nadie notó su presencia y estuvo volando y posándose sobre la mesa como si fuera una mosca normal. Nadie se percató, ni nadie sospechó nada.

−Si me hubieras dejado participar, hubiera disfrutado de vuestras conversaciones, hubiera podido aportar mis propias opiniones a esas fabulosas discusiones que tuvisteis −me dice, mientras, al recordarlas, se empieza a enfadar un poco más.

−Bueno, quizá en la próxima, si te sigues portando bien, haga que te inviten.

−Lo que más me ha gustado es ver que siendo todas personas, sois bien diferentes, y descubrir, que a pesar de tener visiones distintas sobre la vida y opiniones que difieren de un polo a otro, halláis puntos comunes donde poder moveros y encontraros a gusto unas con otras.

−Es que cada persona es diferente de las otras.

−¿A ti te parece una mosca diferente de otra?

−No.

−¿Y por qué me tiene que parecer a mi, de antemano, una persona diferente a otra?

Siempre me pone en un brete con sus preguntas; mi silencio contesta por mí.

−Debo confesarte que me tuve que morder la boca para no participar en esa suculenta discusión de sofá que tuvisteis. Ahí, teniendo conceptos de base cada una expusisteis vuestro punto de vista y vuestra experiencia haciendo crecer el tema en todas sus dimensiones. He descubierto que el no estar de acuerdo e intentar argumentar las propias posturas lo que hace es observar el tema desde el punto contrario, cosa que ayuda a seguir buscando argumentos a tu favor o a cambiar ciertos aspectos del pensamiento, porque los cambios de pensamiento no suelen ser radicales.

Nos quedamos calladas reflexionando sobre lo que acaba de decir.

−Además, al verbalizar tu propio pensamiento, lo que estás haciendo es replanteártelo de nuevo. Es como sacarle el polvo.

Silencio de nuevo.

−¿Qué, no piensas decir nada? Me lo debes, me debes una discusión porque no me dejaste participar en aquella.

La verdad es que no sé qué decirle. Tiene que comprender que a estas horas de la madrugada es muy difícil discutir y las legañas cerebrales. Ahora me siento mal por haberle prohibido participar.

−Bien, que sepas que otra vez no voy a hacerte caso, que no eres nadie para mandarme estar escondida y callada, ni nadie para hacerme perder o no dejarme participar en un fin de semana tan genial como este, donde se junta un montón de gente tan dispar y a la vez tan atractiva. He dicho. Hoy duermes tú en el sofá.

Se levanta y con un orgulloso golpe de cabeza se recoloca las antenas bien, se dirige a mi habitación volando con cierta pomposidad y cierra la puerta de golpe. Ya se le pasará, siempre se le acaba pasando.

Y si tan mala soy, ¿por qué no se larga a dar la murga a otra?

13/07/09

ED

Hoy, chillo, porque la impotencia no me deja tranquilidad.
Al final se impondrá la ignorancia despiadada.
El soma de Huxley nos será otorgado.
Entre bostezo y bostezo miramos la tele,
ese vacío creciendo como la espuma.
¿Será predestinación?
¿O acaso manipulación social?
No analizamos, tragamos.
Vivimos con las persianas bajadas al mundo,
Y tras ellas un picnic de trozos, que acabarán,
indistintos,
en el vertedero,
a la luz del sueño del ignorante.
¡Qué gran trofeo para algunos,
el nopensar de su pueblo!

9/07/09

Todo lo que leo lo relaciono

“La riqueza de una palabra, su valor de sugerencia poética depende del lugar en donde se la coloca”.

Cuando leí esta frase, inmediatamente pensé en Borges y en su dominio de la palabra. Cada una que escribe es la precisa y contiene la información exacta y necesaria para lo que quiere explicar. Esa es una de las facetas qué más admiro de él. Antes de ponerme a escribir ya tengo claro que el proceso creativo será mucho más corto que el de corrección, precisamente por usar a Borges como maestro. Tengo claro que debo utilizar el menor número de palabras para explicar un hecho con precisión y eso requiere un gran dominio del lenguaje, cosa que como no tengo de natural, voy a tener que irlo elaborando en la etapa de corrección. Supongo que debo ir siempre con el chip de “hay una manera mejor de decirlo” y seguro que la encuentro. Al fin y al cabo, es lo que hacemos cuando explicamos algo o argumentamos. ¿Por qué será tan difícil en el momento de ponerse a escribir una novela? Tengo la intuición de que tiene que funcionar igual.

Cuando describa a un personaje, debo utilizar adjetivos que lo califiquen a la vez que lo hagan particular. Es decir, no sirven todos aquellos que generalizan. De nada sirve decir que Pedro tiene dos ojos, lo curioso a narrar sería decir que tiene tres o uno. Cuando se narra algún suceso que ha ocurrido, se eligen con cuidado los datos y el orden en los que se van a contar, para mantener la atención del interlocutor. Pues algo así debe tener que hacerse cuando se escribe una novela: deben contarse los hechos que la hacen diferente a las demás.

Quizá penséis que reflexiono demasiado. Estoy contenta de hacerlo; es una manera de tener las ideas claras para la escritura y es una manera genial de aprender, porque creo que cada duda que tengo es un aprendizaje nuevo. De mi reflexión de hoy deduzco, que cuando se escribe una novela no vale la pena narrar lo obvio, sino lo diferente. Así que sin perder tiempo voy a definir ya a mi protagonista, que por cierto, aún no tiene nombre.

8/07/09

Echando ancla

“Mi vida está junto a ti”, es el viento de los días sobre las velas izadas quien me lo dice. Con tu presencia rellené la carencia de mi viaje, que no fue otra cosa que un constante flotar a la deriva, con continuos y salvajes naufragios. Y ahora que ya me veo mayor, he arribado al puerto de tu amor, final de mi singladura, un puerto que es a la vez la más dulce de las prisiones para una marinera que ha ahogado su corazón en el más profundo de los oéanos. Acostumbrada al vaivén de la vida pensé que nunca caería en tus redes, unas redes tejidas de esperanza, cariño y futuro, unas redes, que con mis manos duplicadas, he asido porque ese ha sido mi deseo, ser pescada por ti.

Si ese inescrutable designio no se hubiera concentrado en nosotras, te hubiera seguido buscando hasta el abismo de los tiempos, allá, donde los cuatro vientos gritan tu nombre.

7/07/09

Cuestionándome

A ver, en un papel DinA3 enganchado a un par de hojas más, casi una sábana, intento construir la línea de la que será mi novela. Voy a intentar que contenga la mayoría de información, agrupada en saltos cualitativos, que supongo, después, me den por división natural los capítulos.

Aquí, en el mundo novelil, se les llama “saltos cualitativos”, en el teatral, conflictos. Si no estoy confundida, creo que no son más que las acciones-reacciones que hacen avanzar la trama.

Creo que una cosa tengo claro: en teatro, cuando se monta una escenografía, no se pone sobre el escenario nada que no sea necesario, sólo por decoración. Supongo que eso debe pasar con los “datos” en la novela: todo lo que se explica tiene que ser relevante, es decir, debe ir a favor de lo que estamos explicando, no ser un puro dato más.

Por esto pienso mucho antes de iniciarme con la primera letra, que creo que empieza a luchar dentro de mí, por salir a la superficie. Pero aún la quiero más madura, más segura de por cual camino ir. No quiero pasarme el rato dudando y releyendo y corrigiendo. Eso impediría un buen proceso creativo.

Si tomo como analogía, la más cercana a este blog, quiero que mi novela sea un ir abriendo puertas por parte quien lee. Que una puerta conduzca a otra hasta llegar definitivamente a la habitación final. Supongo que para ello debo despertar mi curiosidad por cosas en las que antes no habría reparado. Buscar información, cercana por supuesto, y aplicarla a mi novela.

Comentaba alguien que había elegido un personaje demasiado alejado de mí y que quizá era mejor empezar con uno más cercano. Mi idea era hacer una miscelánea entre varias personas que conozco, por supuesto, estando incluida yo. Al elegir el personaje sobre el que quería hablar, me descarté en seguida y descarté a todos aquellos que me eran cercanos. No quiero escribir sobre mí. No me gustaría ese tipo de escritura. Necesito recrear un personaje, como cuando me pongo en la piel de alguno que debo interpretar. Entonces funciono al revés, con las palabras del guión, construyo el personaje, su forma de hablar, de moverse, de pensar, todo me viene dado por el texto. Ahora debo hacer al revés. Debo tener claro al personaje y a partir de conocerlo, buscar situaciones para mostrarlo.

Supongo que soy precavida. No quiero empezar a trabajar y bloquearme a la cuarta página, o puede que a la décima, si tengo algo más de suerte. Para ello me estoy cuestionando un montón de cosas con anterioridad, así reduciré un poco las dudas que congelen mi creación. En realidad, soy así, lo hago con todo. Me planteo siempre por donde ir y allá que voy. No iba a ser distinta ahora por hacer algo nuevo.

6/07/09

Sigo

Tuve que dejarlo. El día tiene unas horas limitadas y hay veces que no se tiene tiempo por mucho que se sea muy, pero que muy organizada, que este es mi caso. Pero abandonarlo durante una temporada, no quiere decir que lo abandone para siempre o que me haya cansado. Continúo estudiando y paralelamente intentando dibujar cómics. Es algo que me gusta y con lo que disfruto. Mi vida funciona por prioridades, al tener a mi alrededor la posibilidad de hacer tantas cosas que me gustan, tengo que irlas priorizando. Hay algunas, que son tan prioritarias, como la lectura, que nunca pasan a segundo lugar, a pesar de que por ejemplo, ahora, como estoy con el asunto novela, estoy leyendo menos. Mis horas libres las tengo encasilladas en un horario, así le dedico tanto tiempo a leer, este otro a escribir, o dibujar, o ir a pescar, o ir al teatro, ver pelis, cine, conferencias, o coser, o cocinar o hacer deporte o… cualquier cosa que me apetezca. No soy persona a la que le guste perder el tiempo, es más, nunca lo pierdo, creo. Porque si estoy sin hacer nada mi cabeza ya está creando algún texto o analizando algo de lo que leí o… vete a saber, soñando, que también le gusta hacerlo.


El caso es que ahora estoy aprendiendo a dibujar animales. Siguen siendo ejercicios del libro que me pasaron, aún me siento encorsetada para hacer los míos propios. Lo que sí que puedo decir es que me cuesta mucho menos dibujar. Cuando digo “mucho menos” es que es muchísimo menos. Ahora casi no utilizo la goma. Estoy contenta de descubrir que avanzo.

5/07/09

Domingo

No hay nada que me guste más que despertar temprano un domingo y en el silencio de la ciudad, hacer música con las teclas de mi ordenador. Así, como ahora, sentada sin haber desayunado, bebiendo agua para quitar el sueño del cuerpo y saltando de un blog a otro. No entro en los habituales, no, eso lo hago sistemáticamente entre la semana. Entro en alguno que sé que tiene una lista linkada y voy picoteando de aquí para allá, de un blog a otro, sin destino. Paso por muchos lugares desconocidos y leo y leo y no comento. Comentar sería como allanar la morada, y prefiero pasearme cual fantasma lector. Descubro blogs en los que estuve otro domingo, o blogs que son cercanos y desconocía. Descubro inquietudes lejanas a mí. El paseo se alarga cada domingo. Por mi mente ordenada, quiero seguir algún tipo de orden, pero es imposible, porque la blogosfera crece en todas las direcciones y cada uno de sus latidos te puede llevar a la otra punta de su universo.

4/07/09

Me sucedió una vez

Las palabras me impulsaban a traicionar mi pensamiento que se había puesto de manifiesto nada más empezar la discusión. A la sazón ni siquiera me pasó por la cabeza callar y empezar a escuchar a las otras personas. Mientras me oía desde fuera, una dispersión rala fue apoderándose de mis sensaciones, era como si no me pertenecieran. Concentré todas mis fuerzas para aderezar mis ideas a lo que estaba hablando, pero la palabra podía más que yo. Obcecada en la ingente pérdida de voluntad y control que estaba sufriendo sobre lo que decía, empecé a respirar y contrarespirar de manera que el ataque de angustia era inminente. Era consciente de que semejante impudicia lingüística iba a marcar mi futuro. Notaba ya el gesto de fastidio en la gente que me escuchaba e intentaba interrumpirme sin conseguirlo. Las palabras habían tomado el mando de mi ser e impedían con su tono cualquier interrupción. Con nada de certeza, acusaba, atacaba, defendía unos ideales que no me pertenecían, dirimiendo con cada voz mi personalidad de mi persona. De manera impropia cuando mis palabras tuvieron bastante, se callaron y me retiraron hasta lo más profundo de lo deleznable. ¿Cómo iba a convencer, ahora, que no era yo, si no ellas las que hablaban?

3/07/09

¡Prohibido!

Aprieto los dientes para no empezar a cagarme en todo y a blasfemar (aunque yo no blasfemo nunca, creo que esta vez lo haría). Me hierve la sangre y se me retuercen las entrañas de tensión. Aunque no quiero que aflore fuera de mí lo que estoy sintiendo, e intento controlar mi cabreo, se me escapa un pequeño gruñido que al tomar conciencia de él convierto en un soplido.

Y como si tuviera antenas, rauda y veloz, acude la Mosca Estremecida volando y se posa sobre la mesa del comedor. Aparece secándose las manos con un trocito de papel de cocina. Hoy me ha relegado de mis tareas porque dice que va a hacer ella la comida. Hace más de una hora que la oigo trajinar por la cocina. Esta nueva ocupación se debe a que el otro día me preguntó que qué era el Imagenio y se lo mostré. Le enseñé a manejarlo y a cambiar de canales.

–¿Cuáles son tus preferidos? –me preguntó con curiosidad.

–La Fox y el Canal Huevo.

–¿Canal Huevo? –se extrañó del nombre.

–Sí, mira –y le cambié el canal para que lo viera–. En realidad se llama Canal Cocina, pero como tiene por logo un huevo frito, le llamo Canal Huevo.

Ella nunca ve la tele. Cuando me siento a verla, se va al despacho y se pone a navegar por Internet, a escribir en su moleskine o a leer alguno de mis libros; prefiero eso que perder el tiempo, dice, que las moscas tenemos menos. En el Canal Huevo, estaban dando el programa de Jaime Oliver y se quedó prendada del cocinero inglés. No ha tardado ni dos días en adueñarse de mi cocina. Ya veremos en qué acaba todo esto.

–¿Qué pasa?¿Por qué gruñes? ¿Por qué suspiras?

Ay, con lo bien que estaba yo solita viendo la televisión.

–No, si yo no…

–Venga, que te he oído. ¿Qué pasa? –dice clocándose sobre mi hombro y dándome unas palmaditas con su pata–. ¿Por qué te has indignado? No me mientas que sé que estás indignada, ya nos vamos conociendo.

Vuelve a volar a la mesa y se sienta sobre el portátil, cruzando una pata sobre la otra y cogiéndose la rodilla con ambas cuatro manos. Verla así de condescendiente me enrabia aún más.

–Es que ahora, resulta que multan si te bañas en el mar cuando hay bandera roja, en Valencia –le exploto levantándome para pasear porque para mi cabreo y yo no hay suficiente espacio en el sofá–. ¡Todo! Todo está prohibido.

–Elemental –me dice mientras inicia el vuelo y se va a la cocina.

Me quedo con dos palmos de narices: ¿ya ha acabado la discusión? Cuando reacciono me dirijo hacia la cocina, pongo la mano sobre el mármol con un golpe y le pregunto.

–¿Elemental? ¿Sólo elemental?

–Pues sí. A parte de ser una manera de agenciarse más dinero Es una manera de teneros más controlados.

–Ya, pero nadie se revela contra ello.

–Claro, porque lo que hace tanto control sobre el peligro es crear una sociedad protegida, por ende, más infantil y cómo más infantil sea menos problemas causa, ¿entiendes?

–Claro que entiendo, por esto estoy así de rabiosa. Me he criado al lado del mar y me he bañado cuando yo creía conveniente. No había socorristas, ni banderas, ni tonterías de estas. Cada uno sabía cuando se podía meter o no.

–En vez de enrabiarte tanto, coge una pancarta, reúne a cuantas personas opinen como tú e iros a quejar a las autoridades.

Me quedo mirándola en silencio.

–¿Callas? Mucha queja, mucha rabia y poca acción –dice mientras trocea la zanahoria con mucha fuerza. Anda, déjate de tontas rabietas y ve poniendo la mesa.

Me he mordido los labios y he hecho lo que me ha pedido, quiero pasar el día en paz.

La espero sentada con la mesa puesta. Hace su aparición, cazuela en mano, entonando cuatro chan-chan-chanes. Levanto la tapa y veo todo de trocitos de todo, cortado pequeñito, pequeñito. Me la miro con cara de sorpresa; ¿qué tipo de comida es esa?

–Así, cada una come lo que le gusta –me dice con dignidad–. Sírvete tú primero.

Así lo hago, con una cuchara empiezo a comer ese mosaico de alimentos que por el tamaño me recuerda a esas piedrecitas de colores que se ponen en los ceniceros para evitar los olores.

–Por cierto –añade–, no has pensado que con tanta prohibición, tanta protección, tanto “evitemos el peligro”, ¿os estáis cargando vuestra selección natural?

–Calla y come, que la tuya la voy a aumentar poniendo aquí un aparato de esos que fríen moscas. ¡Fishhht! –hago la onomatopeya acompañada de un gesto.

–¡Qué desagradable que eres cuando estás de mal humor! –dice cogiendo su plato y yéndose a comer delante del ordenador.

Antes de cerrar la puerta de un portazo me grita:

–Aceptaré tus disculpas cuando me las pidas.
¡Pam!

La odio, la odio, la odio.


NOTA: ;)

2/07/09

El primer paso

Sabiendo que la primera frase de la novela no es definitiva hasta que toda ella está escrita, no sé cómo empezar. Sé que las primeras páginas son decisivas para enganchar al lector y saber eso es algo que me bloquea. Hablando con la gente me dice que me lance, que me olvide de toda esta teoría de la que me estoy empapando y que suelte mis dedos encima del teclado. Pero no puedo. Me siento como en un abismo. Necesito muletas para circular por ese texto que será mucho más grande de lo que me creo capaz de abarcar y que aún me es desconocido. Si comparo con lo que estoy escribiendo ahora, ¿por qué no voy a ser capaz de hacerlo? Si mis dedos corren veloces por las teclas intentando que no se me escape ninguno de mis pensamientos. Eso es escribir, ¿no?

Desde la primera línea de mi novela debo empezar a crear ya la atmósfera que necesito para mostrar a mi personaje. Pero esa atmósfera aún es una leve sensación en mí. ¿Cuándo debo empezar a tomar decisiones? Tengo claro que si la decisión no es correcta, cojo otro camino y ya está. No hay error irreparable, creo. Pero lo mismo, el error, la equivocación acaban con mi tesón y, ¿es eso lo que me da miedo?

El motivo por el que he decidido escribir todos mis pensamientos del proceso de escritura de mi novela, es para separar a la escritora crítica de la escritora creativa, pues cuando empiece con ella, voy a pasar los primeros meses escribiendo, sin juzgarme, sin dar un paso para adelante y tres pasos para atrás. Por esto las Dinteladas deben contener todas mis dudas, todos mis miedos, todos mis conocimientos sobre el tema y así, poco a poco, poder tejer mi texto.

Ahora me viene a la mente Miguel de Cervantes, que empezó a escribir El Quijote porque quería burlarse de los libros de caballerías, pero al llegar al séptimo capítulo, su personaje se había hecho tan grande que era él mismo el que se escribía. Y a partir de entonces, toda su escritura estaba a merced del personaje. Es por este motivo que hay gente que opina que el escritor no escribe una novela, es la propia novela la que se escribe a sí misma. Incluso hay quien considera al escritor como el partero. Esta sensación la he experimentado más de una vez con alguno de mis textos, pero no en todos. Creo que será una sensación que me servirá para baremar mi trabajo.

Mi historia es de lo más normal, no es original y seguro que hay un montón de escritores que ya la han utilizado en alguno de sus libros, eso lo tengo claro. Ahora bien, lo que la va a hacer peculiar es mi mirada, mi forma de ver, mi forma de estirar los hilos para crear una trama singular. Ello conducirá a que mi novela tenga un tratamiento particular del tema elegido. Eso quiere decir que ahora mismo debo ponerme a definir bien el tema.

1/07/09

Pina Bausch



30/06/09

Planteamientos

Bien, la decisión ya está tomada, escribiré la novela, un problema resuelto. Segundo problema: ¿por dónde empiezo?

Sin dilación, me he lanzado a leer todos los libros que conozco de “Cómo se escribe una novela”. Una amiga, que podría formar parte de un estudio de ornitología, me dijo: empieza ya a escribir. Pero soy incapaz. Soy incapaz de empezar, supongo que porque la idea aún no la tengo clara. Debo empezar a hacer un mapa de hasta dónde puede llegar esa idea, por qué caminos me conduce y qué temas abarca. Antes de empezar a escribir debo tener claro qué quiero decir y creo, que como ya he dicho en otras ocasiones, es lo que más me falla, porque no tengo nada que contar.

A ver, analicemos: quiero hablar de la soledad de las personas mayores, de cómo pueden llegar a cambiar su carácter, de la pérdida de la pareja después de toda una vida junto a ella. Sí, creo que esto es de lo que quiero hablar. Pero más que hablar, quiero recrear las sensaciones, que el lector llegue a sus propias conclusiones sin tener que explicar yo demasiado.

Para ello he creado un personaje, el cual aún no tiene nombre. Una señora mayor de unos 78 años de edad, una insoportable señora de 78 años, que resulte intragable a los otros personajes mientras que al lector le parece entrañable. Para ello, creo que voy a tener que jugar en dos planos, el real, las cosas que suceden y el profundo, las sensaciones que le van a quedar al lector. ¿Y cómo se hace eso?

Dicen que la primera página debe contener concentrada toda la novela. He intentado encontrar algún ejemplo sobre esto y no lo he conseguido. Por otro lado, sé, porque lo he visto, que no siempre el escritor empieza a escribir las novelas por el principio. Conociéndome, yo sí que lo haré, al menos, las obras de teatro las escribo así. Primero hago una línea argumentativa sobre papel, dividiendo ya las escenas y los conflictos y luego me pongo a escribir recreando cada escena. ¿Funcionará igual en la novela?

Debo seguir pensando sobre todos estos asuntos.

29/06/09

¿Alguien quiere una mosca?

Después de varios meses de trabajo intensivo y aprovechando que el día de hoy es algo fesquito, la Mosca Estremecida y yo nos hemos sentado en una soleada terracita a tomar un desayuno algo tardío, por la hora.

−¿Qué vas a tomar? −me pregunta la Mosca mientras se pasea, rápidamente, por encima de la letra impresa de la plastificada carta de sugerencias.

−Creo que me tomaré un buen bocadillo de jamón ibérico con pan con tomate y un café con leche −le he contestado decidida, pues siempre tengo claro lo que me apetece.

Al acercarse la camarera a nuestra mesa, la Mosca Estremecida vuela hasta mi hombro y dice:

−La señora tomará un bocadillo de jamón ibérico con pan con tomate y un café con la leche natural y yo quiero −añade mientras se frota las patas delanteras y la probóscide se le hace agua− una pequeña piel de naranja de aquellas en las que la pulpa se ha quedado pegada. Nada más, gracias.

Cuando la camarera se da la vuelta para irse, la interrumpe:

−Perdone, si puede ser que la piel de naranja sea pelada del día.

Me miro la mosca con cariño, me hace gracia cómo ha mimetizado algunas de las costumbres de los humanos; desde hace un tiempo, siempre es ella quien hace la comanda cuando tomamos algo en un bar o comemos en un restaurante.

Vuela hasta el extremo opuesto de la mesa circular, me mira fijamente y me pregunta:

−¿Qué piensas?

No sé cómo se lo hace, siempre me adivina el momento en que me enternece y no puedo decírselo porque se volvería mucho más creída de lo que es.

–¿No me lo vas a decir?

–Pensaba que al final de todo hasta me caerás bien.

–No dudo –me dice totalmente convencida.

–¡Mírala qué creída! Si es que no te puedo decir nada bonito.

–¿Sabes lo que ocurre? –me pregunta sin esperar respuesta y creando un silencio de tensión –, que tú y yo, en el fondo, pensamos igual y si yo te cayera mal eso indicaría que no te soportarías a ti misma.

Suerte que llega la camarera con nuestro desayuno porque ha evitado que la aplaste en un abrir y cerrar de ojos. La Mosca me lee el pensamiento y se ríe:

–¡Supongo que no quieres testigos!

Estoy a punto de contestarle pero no encuentro qué decirle. Prefiero empezar a preparar mi primer bocado. Siempre consigue ponerme nerviosa. No me parezco a ella ni en pintura. ¿O sí?

–¡Anda, calla y come! –decimos las dos a la vez.

28/06/09

Como Alonso Quijano

A los diez años, ya me había leído todo lo propio de la edad: Los cinco, Los siete, Los Hollister, Puck, Torres de Mallory, Las gemelas, Los tres investigadores, toda la colección de Tintín y de Asterix, Mortadelos y Filemones con toda su saga, Esther, Dina, Los clásicos de ayer y hoy (tanto en libro como en cómic) y alguno más que no debo recordar ahora.

Como Alonso Quijano, vivía y revivía las mismas aventuras una y otra vez, pues cuando no tenía qué leer, releía y así, año tras año. Y llegó el momento, en unas largas vacaciones de verano de tres meses en el que se me ocurrió que podía empezar a escribir mis propias aventuras. Y así lo hice. Por las noches, me encerraba en mi habitación y me ponía a escribir hasta la una o así, que mi madre enfadada me enviaba a la cama. Al día siguiente, cuando volvía de la playa, después de comer, me ponía en la terraza a pasar a máquina, una vieja Olivetti, todo lo que había escrito aquella noche. Si he de ser sincera, creo que fue entonces cuando empecé a utilizar el tiempo nocturno para mi escritura, para mis cosas. De ahí salieron una serie de “novelas” escritas a multifín de dieciséis anillas, que me llenaron de orgullo y me dieron la sensación de en este mundo podría hacer todo lo que me propusiera.

Sobre los catorce años, me llegaron los primeros conflictos amistosos y los primeros atontamientos amorosos, entonces dejé la prosa y me pasé a la poesía. He debido componer miles de poemas, no lo sé con exactitud, pues llegados los 33 años, decidí quemar todo lo escrito. En la barbacoa de casa, un sábado por la mañana, empecé a tirar papeles y más papeles, diarios íntimos, poesías, escritos, dibujos.

Durante mucho tiempo dejé la idea de escribir. Supongo que tomé conciencia de mis limitaciones y, ese orgullo perfeccionista que siempre me ha impedido fracasar, supongo, que actuó en mi defensa. Añoré la escritura, y creo que a veces, cuando la pandilla nos reuníamos en un bar, yo escribía en silencio en alguna servilleta para luego romperlo rápidamente. ¿Motivos? En realidad no lo sé. No sé por qué destruí todo, ni por qué dejé de escribir.

Ahora, desde hace cuatro años, he vuelto a retomar la escritura. Una escritura bastante más madura que aquella que dejé cuando explicaba las aventuras de Janet y sus amigas. Volví a escribir por casualidad, enzarzada en una lucha por una injusticia. De ahí salieron textos que me sorprendieron y los quise guardar. Así salió el primer blog, y luego cuando acabó esta lucha, el segundo.

Desde hace un tiempo la gente me presiona para que escriba una novela, pero no me veo capacitada y no hago más que rechazar y negar y no escribirla. Una noche, de esas en las que duermes sola pero no paras de dar vueltas, con el cerebro acelerado porque no tienes a la persona que amas para cogerte y que su calorcito te vaya adormeciendo, di el paso que me faltaba: tomé la decisión, intentaría escribir una novela.

Y como Alonso Quijano, que se creía caballero, yo voy a creerme escritora por una temporada. Espero que mis molinos no me saquen un ojo.

27/06/09

La catedral invisible

Este libro pertenece a una serie, creo que de seis, por lo que sólo he podido probar un poco de su savia. Pertenece al género de ciencia ficción. Sus dibujos son típicos de este género, llenos de información y detalles. Lo que más me ha gustado es la forma de utilizar el vocabulario, pues lo transforma adjetivizado o sustantivando o verbalizando a su antojo, independientemente de la función propia RAE, que tuviera. El argumento también me ha gustado, pero se me ha quedado incompleto debido a que no he leído los demás libros de esta serie. La temática y la fantasía utilizada me ha alucinado. ¿Cómo puede la gente montarse un mundo así, propio?


El otro día vi Harry Potter por la tv. La primera película. Aún recuerdo, cuando emocionada me presentaba en la librería el día que salía uno de sus libros. Pues a lo que iba, viendo la pelí por la tele me emocioné tanto que tenía un nudo en la garganta y los ojos húmedos. Fue debido a que se activó mi Síndrome de Stendhal y me emocionó pensar la belleza y la complejidad del mundo creado por la escritora, un mundo completo de detalles, tantos que se hace sostenible por sí mismo.

26/06/09

Epiléptico

Los fabulosos días de tener un cómic nuevo entre manos cada dos días llegan a su fin. Añoraré mucho esta etapa de mi vida. Pero, así es todo, con el fin desde el principio. Ha sido brutal leer este libro. La enfermedad de la que habla creía que no era desconocida para mí, pero me equivocaba del todo. El autor logra transmitir el agobio que vivió en sus años de niñez y juventud. Un agobio del que toda su familia fue partícipe y que, según cuenta en su propio cómic, desconocían que él padeciera. Las imágenes son brutales. Creo que a través de su dibujo expresa perfectamente los diferentes estados que sufrieron y sobre todo, la enfermedad de la que habla.

Como os podéis imaginar, desde que lo inicié ayer, no he podido dejarlo hasta que lo he acabado. Para mí es como una obra maestra que debe leerse, eso sí, leerse desde un estado de fortaleza de alma, pues como bien “le dijo uno de sus profes”, algunas veces es siniestro, crea intranquilidad y desasosiego.

23/06/09

Nos desayunamos

Desayunar chocolate caliente es perpetuar el amor que estamos construyendo. Juntas, en la cocina, mientras tú te encargas de las tazas y de la mesa y yo, del chocolate, nos abrazamos en silencio con la mirada fija en el cazo, viendo como remuevo el, cada vez más, denso líquido. Nuestros cuerpos, calientes del letargo nocturno, despiertan el deseo con el mero contacto entre ellos y se excusan en silencio por no volver a la cama de nuevo. Entre cucharada y cucharada, entre mordisco de croissant y mordisco, dedicamos una mano para la ingestión y la otra para no perder el contacto entre nosotras. Nuestros besos, llevan el sello de calidez que les confiere el dulce sabor residente en nuestras bocas, que embriaga al primer contacto, despertando la tentación de eliminar el marronoso bigote a besos profundos, pero entrecortados. Con las tazas humeantes a medio acabar, la mesa abandonada, el sofá se convierte en un aliado más de de nuestro amor.

22/06/09

La reina en el palacio de las corrientes de aire

No hay como desayunar cerezas a estas horas y escribir. Es una miscelánea que hace que el cerebro se despierte sin tener que realizar ningún esfuerzo adicional. Desde el jueves, que salió al mercado, ando acarreando el libro aunque sólo sea para leer un par de frases, como alguna vez ha sido el caso; al trabajo, al hospital, al bar, a casa de una amiga, a “por si acaso, en el tren, en el autobús. No me ha pillado tanto como los otros dos porque es más de lo mismo, eso sí, sigo cautivada por el personaje de Lisbeth Salander. A veces se me hace incluso pesado con toda esa serie de nombres y datos que hacen aminorar la velocidad de acción trepidante que tiene el libro y que es la parte que más me gusta. Hablando en una cena con una amiga, me comentó que del primero se había saltado los diálogos, que los encontraba muy malos. Ciertamente, no es lo que más me gusta del libro. Mi entusiasmo lector en este caso se basa en la admiración que siento por la protagonista y no entro en detalles de si es exagerado o no el personaje, que cada uno juzgue. El autor tenía planeado diez libros de la serie Millennium, y según tengo entendido se quedó en la escritura del cuarto. No sé yo si tantos libros de “desamor a las mujeres” se hubieran aguantado.

Pienso, concluyendo, que ha sido una buena experiencia bestselleriana. Eso sí, qué destroce de pulgares de aguantar los libros, sobre todo este último.

21/06/09

Sutil venganza

Mírate en el espejo. Observa atentamente tus ojos. Si en tu interior se pone en marcha un mecanismo de decencia, por pequeño que sea, podrás dormir.

20/06/09

Soy feliz

No creo que haya en el mundo persona más feliz que yo. Y no es que las cosas me vayan bien, que tampoco me puedo quejar. Total, ¿qué importancia tiene comer sólo medio mes porque se te acaba el dinero? ¿O deber a tus amigos porque necesitas el dinero para transporte? ¿O que te tengan que invitar cada vez que sales porque si no no sales? Pero eso es una nimiedad comparado con la felicidad que siento. ¿Qué más da, también, no tener pareja? Eso sí, tener cubiertas de sobra las expectativas sexuales. ¿Qué más da que la salud de tus padres esté sobre la cuerda floja un día sí y otro también? Yo, feliz como una perdiz (por usar esa tontería popular).

El motivo de mi felicidad: desconocido. Pero sólo se me tiene que ver; volviendo hace nada, a las nueve y cuarto de la mañana, de buscar unas fotocopias para el trabajo, iba yo con mi mp3 a todo trapo, con los auriculares encascillados en los orificios auditivos y cantando a pleno pulmón por la calle la canción de “Vaga General” de Flor de Nit. Bajo las primeras gotas de una lluvia que promete un día fresquito, con el pelo aún mojado por la ducha y con la mente llena de proyectos, que sin lugar a dudas, me conducirán a la plenitud límbica de la felicidad suprema.
¿Quien no es feliz es porque no quiere?

18/06/09

Mis palabras

Mis palabras no son imagen ni texto sino textura, la textura de un lienzo cargado de pasión, amor, ilusión, rabia, odio y tristeza. No es más que la poiesis que me otorga vivir dentro de mí, conmigo y mis circunstancias. Mis palabras no son más que el tegumento metafórico con el que vivo.

16/06/09

Trágame entera

Mi amigo me había hablado de este libro, hace algún tiempo, antes de de dejármelo, pero con el ajetreo que llevo estos días me había olvidado. El otro día le dije: “ya tengo la obra montada, vuelvo a tener tiempo para leer y, al día siguiente, ya tenía este cómic entre las manos.

Al empezar a leerlo, me he desorientado, no recordaba el comentario que tiempo atrás me había hecho y me he dejado perder, siempre cogida de la mano del autor. El libro trata sobre la esquizofrenia, enfermedad que padece un familiar de él. Realmente es impactante cómo el tipo de dibujos te introduce en dicha enfermedad, una manera impactante de acercarnos a ella. En algunos momentos, las viñetas se vuelven agobiantes porque aportan información confusa, recurso del autor, para crearnos sensaciones esquizoides.

Interesante la experiencia de su lectura, más que nada, por el viaje al que invita, sin necesidad de maletas.

15/06/09

Las calles de arena

Un cómic que me ha provocado una sensación de ahogo y malestar. Me explico; me ha gustado mucho, muchísimo, la verdad, pero lo he leído con esas dos sensaciones, que en principio, eran las que debía tener el protagonista. Pero este no las tenía y las he estado sufriendo yo durante toda la lectura. ¿Quería conseguir esto el autor? Los libros debieran venir con el número de móvil del escritor para consultarle dudas. Ahora, voy a estar durante un tiempo dándole vueltas al tema estúpidamente, pues no creo que llegue a ninguna conclusión.

¿De temática fantástica o metafórica? No pienso aclararlo, si a alguien le interesa que lo lea y luego, si quiere discutirlo conmigo, ya sabe cual es mi correo.

También me ha servido para decidirme a ir a hacerme una revisión oftalmológica: me ha costado leer la letra de los bocadillos.

Vale la pena leerlo.

14/06/09

Mi niña políglota

−Mira, desde mañana, todo se ha acabado. Ya podemos escribir nuestros respectivos post dolorosos y todo eso. El mío tendrá dos palabras: fin.

−¿Dos palabras, fin?

−Pensaba en inglés.

13/06/09

Caricia semántica

Paseo la mano por tu cuerpo como quien dibuja vectorialmente a su musa, con lentitud, pues decidimos que sólo la lentitud podía transportarnos al amor. ¡Qué momento mágico aquel en el que decidimos decidir! Rompimos con la somnolencia de los sentidos y nos sentimos, la una a la otra, haciendo vibrar el silencio con esa brisa que despierta el cariño, violín solitario que emite secuencias de pasión. Hemos sabido descomponer la calma en números primos, que juntos, forman los arpegios de nuestra relación. No necesitamos más contornos, nos basta con deshilachar la placidez de nuestros cuerpos para tejer redes de futuros ciertos, aquellas en las que prenderemos nuestras dos palabras de amor, una función de dos variables: nuestros nombres.

11/06/09

Frase lapidaria...

...para un día como el de hoy, en el que me ha despertado el dolor, me ha levantado la obligación y me mantiene despierta la idea de que se acabe el día.

"La mayor desgracia de la juventud actual es ya no pertenecer a ella".

Salvador Dalí

7/06/09

La invención de Hugo Cabret

El viernes fui a una de mis librerías habituales y la chica que me despachó me puso literalmente este libro en las manos. “Soy de la sección de infantil y juvenil, pero este, te va a gustar. Ya me dirás”. Sin dudarlo, me lo quedé.

Llevo todo el fin de semana leyéndolo ha ratitos y totalmente enganchada con sus dibujos y su historia. Y hoy, por fin, he tenido un tiempo seguido para poderlo acabar. Es un libro mágico, no voy a decir nada más. No sé qué me ha gustado más, si la historia, un hermoso cuento basado en hechos reales, o los dibujos.

Sólo añadir, que creo que Spielberg anda detrás de los derechos. Sería genial ver este libro en pantalla. Muy recomendable a todas aquellas personas que disfruten con la lectura, con el dibujo y con la magia de los cuentos.